Y piso el pedal hasta que la aceleración se convierte en un grito. Ese grito que sale de mi estómago y que contiene todas las cosas que no digo, porque en el momento de empezar a decirlas comenzaré a derrumbar todo mi mundo tal y como ahora lo conocemos.
El león ruge en mi interior descontento igual que el motor. Hacía tanto tiempo que se limitaba a ronronear plácidamente que me sobresalta. Tiene hambre y empezará a comerse mis entrañas si no lo dejo salir. Y cuando salga, será con una explosión de ira contenida que arrasará con todo.
En el fondo tengo claro que acabará sucediendo, no sé por qué lo retraso tanto...
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