Y piso el pedal hasta que la aceleración se convierte en un grito. Ese grito que sale de mi estómago y que contiene todas las cosas que no digo, porque en el momento de empezar a decirlas comenzaré a derrumbar todo mi mundo tal y como ahora lo conocemos.
El león ruge en mi interior descontento igual que el motor. Hacía tanto tiempo que se limitaba a ronronear plácidamente que me sobresalta. Tiene hambre y empezará a comerse mis entrañas si no lo dejo salir. Y cuando salga, será con una explosión de ira contenida que arrasará con todo.
En el fondo tengo claro que acabará sucediendo, no sé por qué lo retraso tanto...
martes, 19 de mayo de 2009
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